miércoles, 30 de enero de 2013

Aznalcóllar: un desastre que dura una década


  • Años de trabajos y 200 millones de euros han recuperado la ribera del río sevillano
Izd., en 1998: dcha, ahora. (Vídeo: CSIC)

 Aquel sábado de hace 10 años el paisaje se tiñó de negro. Todo lo que alcanzaba la vista desde el helicóptero tenía esa tonalidad. Sólo el verdor de las copas de los árboles y el intenso color de las naranjas daban pinceladas distintas sobre la marea negra que había sepultado hasta la saturación la campiña del Guadiamar.
Hoy, ya no hay naranjos ni frutales, pero un espléndido bosque de ribera serpentea la vega del Guadiamar. Todo ha reverdecido tras años de trabajos, 200 millones de euros y las recientes lluvias. Se parece a una postal turística, si no fuera porque todavía quedan puntos negros que no se ven a simple vista.
«La restauración fluvial ha sido excelente, pero faltan dos cosas fundamentales: todavía hay contaminación en el Guadiamar procedente de la escombrera de residuos de la mina, y no se ha conectado el corredor del río con el Coto del Rey, en Doñana», afirma Miguel Ferrer, biólogo y director de la Estación Biológica de Doñana cuando ocurrió el desastre.
Sus críticas las comparten todas las organizaciones ecologistas, que reconocen los aspectos positivos de la restauración, pero no desean que la autocomplacencia lleve a no resolver los puntos negros. «Es posible revertir la situación», afirma WWF/Adena, que reclama la restauración del complejo minero de Aznalcóllar, el uso del agua del río Agrio (afluente del Guadiamar) exclusivamente para fines ambientales, la ampliación del Corredor del Guadiamar, límites a los planes urbanísticos en ciernes y la restauración definitiva del sistema hídrico de Doñana.
Seis millones de metros cúbicos de lodos como el betún se vertieron por la brecha de la balsa 10 años atrás. El estallido se produjo en el talud del inestable vertedero de residuos mineros que la empresa Boliden-Apirsa había ido llenado hasta la saturación. Un deficiente mantenimiento provocó el desastre, del que, por cierto, científicos y ecologistas ya habían avisado años atrás.
Si la visión desde el aire fue apocalíptica aquel 25 de abril de 1998, en tierra fue reveladora sobre el gran desastre en las mismas puertas de Doñana: los peces saltaban ante la llegada de las aguas muy ácidas, los cadáveres inertes impregnados de lodo se mecían en la orilla y las aves acuáticas habían desaparecido como si se las hubiera tragado la tierra.
Pero no, era la tierra la que había sido sepultada bajo una capa de lodos con elevadas concentraciones de metales pesados y sustancias tóxicas: el vertido llevaba entre otros cadmio, cinc, plomo y arsénico. Las cifras no dejaban lugar a dudas: 4.600 hectáreas afectadas a lo largo de 63 kilómetros del cauce del Guadiamar. Fantasmal.
¿Qué hacer? ¿Cómo evitar la llegada del vertido al parque de Doñana? ¿Cómo controlar un vertido tóxico de aquellas extraordinarias dimensiones? Un muro de contención que se levantó en las primeras horas en el límite del Parque Nacional de Doñana evitó males mayores en el más emblemático espacio natural de la Península.
Sin embargo, los siguientes días fueron caóticos. Hubo cruce de acusaciones entre la Administración socialista andaluza y la central del PP. La guerra estaba servida cuando intervino el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Un sanedrín de los mejores expertos se reunió en el Palacio de Doñana cuatro días después y puso sobre la mesa de Aznar el primer informe.

Aznar escuchó a la Ciencia

En la Moncloa hicieron caso. En la Junta de Andalucía también. Se repartieron las zonas de actuación y pusieron en marcha los trabajos inmediatos y dos grandes planes a largo plazo para recuperar lo perdido y mejorar la degradación de la comarca: Doñana 2005 y el Corredor Verde del Guadiamar.
La actuación inmediata sobre un vertido 100 veces mayor que el del petrolero Prestige movilizó a cientos de personas. Se gastaron 200 millones de euros. Mientras unos diseñaban dos plantas de depuración de las aguas vertidas, otros expropiaban las tierras afectadas, sellaban la balsa rota, retiraban las cosechas contaminadas y preparaban la retirada de los lodos.
Durante 208 días 500 camiones y un centenar de máquinas recorrieron 17 millones de kilómetros entre la zona contaminada y una antigua mina a cielo abierto, donde se depositaron millones de metros cúbicos del vertido. Tres camioneros fallecieron en aquel trasiego. Decenas de miles de toneladas de frutas y hortalizas fueron al vertedero, al igual que 27 toneladas de peces, cangrejos y aves.
Simultáneamente se realizaron 15.000 análisis científicos en cientos de puntos de muestreo, y decenas de informes y estudios para avanzar en la recuperación de la zona, algo que no se había hecho antes en ningún lugar.
Diez años después, casi todo está mejor que, incluso, antes del vertido. El Guadiamar ha logrado la figura de Paisaje Protegido y esta primavera parece un vergel; la balsa minera está sellada e inertizada; sobre lo que un día eran lodos al aire libre empiezan a colocarse paneles solares fotovoltaicos.
Aznalcóllar pasó de ser una ciudad minera con decenas de camiones y máquinas levantando polvo y vertiendo residuos a un polo de producción de energías renovables. Cerca de la balsa minera se ven tres torres de concentración solar –que serán ocho pronto–, donde convergen los rayos de cientos de espejos. Es el mayor proyecto de esta tecnología en el mundo y la espectral imagen da cuenta del profundo cambio socioeconómico llevado a cabo en este tiempo.
«Estamos muy satisfechos. Ha sido largo y costoso, pero ha merecido la pena», confiesa Concepción Pintos, directora general de Espacios Protegidos de Andalucía. Las 2.700 hectáreas que ahora tiene esa figura de protección reúnen los árboles que se salvaron y otros 3,5 millones plantados. La remediación de los suelos, la repoblacion de las especies acuáticas y la colonización de las aves son los mejores indicadores de que aquello va bien.
«Ha sido una actuación con resultados notables», afirma el biólogo Francisco Carrascal, técnico de la Consejería de Medio Ambiente, que ha estado a pie de río estos 10 años. En su opinión, los buenos resultados son consecuencia de que «se tomaron decisiones acertadas, rápidas y arriesgadas».
«Es un magnífico ejemplo de lo que la Ciencia puede ayudar», señala Fernando Hiraldo, actual director de la Estación Biológica de Doñana. «El presidente del CSIC, César Nombela arriesgó la cabeza, pero eso es lo que permitió la conexión entre la ciencia y la técnica y los resultados que ha habido», añade el biólogo.
Sin embargo, Hiraldo considera que de aquella colaboración entre científicos, políticos y técnicos no queda nada. Recuerda con amargura que en la siguiente situación catastrófica ambiental, cinco años después con el petrolero Prestige vertiendo fuel durante días, los científicos fueron ninguneados por los políticos con el resultado conocido. «No hemos aprendido de la experiencia», concluye.

sábado, 12 de enero de 2013

El Terremoto de San Vicente

Ocurrió el conocido como "Terremoto de Lisboa" y el posterior tsunami con olas de entre 6 y 20 metros de altura. Afecto a Europa occidental y norte de África. En Almería, sobre las 9 horas oyeron un horroroso estruendo y las posteriores sacudidas que ocasionaron daños, produjeron aberturas en los muros de la Alcazaba y otros efectos. Fue uno de los más importantes ocurridos en la Península Ibérica y que se sintió en parte de Europa y Asia.
Fuente: Instituto Geográfico Nacional de España Muertos: según fuentes, 15.000 (IGNE), 60.000 (La Vanguardia) o 100.000
Fuente: Los estudios de sismicidad histórica en Andalucía
Destruyó la ciudad portuguesa de Lisboa y afectó a varias ciudades españolas, conformando por su parte la actual costa onubense. Tras el terremoto se fundó la ciudad de Isla Cristina
Coordenadas oficiales del epicentro: 36° 30' N, 10° 0' W

El Terremoto de Cabo de San Vicente de 1969 fue un seísmo de magnitud 7,3 en la escala de Ritcher y de intensidad VII en la escala de Mercalli que se produjo el 28 de febrero de 1969 a 200 km al suroeste de Cabo de San Vicente, y se dejó sentir en Andalucía occidental y Sur de Portugal.
En Huelva 18 casas quedaron inhabitables y en Isla Cristina se derrumbaron 4 viviendas. Se produjeron según las fuentes 7 fallecimientos debido a infartos.


lunes, 7 de enero de 2013

Un calamar gigante, filmado por primera vez en el fondo marino


 

Tiene el cuerpo plateado y grandes ojos negros. Agarra con algunos de sus ocho brazos otro calamar (un cebo) y nada majestuosamente a unos 600 metros de profundidad, en la oscuridad más absoluta de las profundidades marinas, cerca de una isla japonesa. Una cámara de alta definición y muchos años de esfuerzos por parte de investigadores japoneses han conseguido la primera filmación de un calamar gigante en su medio natural, o al menos es como lo presenta el Discovery Chanel, que emitirá el vídeo en los próximos días, como broche a su serie Curiosity.
  
Los llamados calamares gigantes pueden llegar a medir 13 metros de longitud (otros elevan esta cifra a 18), pero la mayor parte de su longitud se debe a sus dos tentáculos. Viven normalmente a profundidades superiores a los 400 metros y son del género Architeuthis, del que se han propuesto hasta ocho especies diferentes, aunque esto es imposible de saber por falta de ejemplares suficientes para distinguirlos. Hay especialistas que creen que hay solo tres especies y otros que se inclinan por una sola, a pesar de que puebla prácticamente todos los océanos del mundo. Se dice a veces que es el mayor invertebrado del mundo, pero los especialistas recuerdan que le supera el calamar colosal (Mesonychoteuthis), también muy mal conocido, que puede medir un metro más y tiene un cuerpo más largo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Terremoto en Valdivia

Mientras Chile organizaba la ayuda a los habitantes de Concepción y las ciudades cercanas, una tragedia aún peor estaba por ocurrir. A las 15:11 del día domingo 22 de mayo de 1960 comienza a producirse una ruptura tectónica de proporciones nunca antes vista en la historia de la humanidad, el epicentro de este gran sismo comienza en la zona cercana a Temuco, y poco a poco la ruptura comienza a expandirse hacia el sur, en una sucesión de rupturas epicentrales a toda la costa del sur de Chile. El masivo movimiento telúrico rompe toda la zona de subducción entre la Península de Arauco (Región del Bio Bio) y la Península de Taitao (Región de Aysén). Finalmente, el sismo alcanza los 9,5 Mw y tuvo una duración de aproximadamente 10 minutos, debido principalmente a la gran extensión del sismo, casi 1000 km de extensión norte-sur. Estudios posteriores afirmaron que dicho movimiento en realidad fue una sucesión de más de 37 terremotos cuyos epicentros se extendieron por más de 1350 km. El cataclismo devastó todo el territorio chileno entre Talca y chiloe   es decir, más de 400 000 km².
La zona más afectada fue Valdivia y sus alrededores. En dicha ciudad, el terremoto alcanzó una intensidad de entre XI y XII grados en la escala de Mercalli. Gran parte de las construcciones de la ciudad se derrumbaron inmediatamente, mientras el río Calle-Calle  se desbordaba e inundaba las calles del centro de la ciudad.
El Tsunami generado por esa enorme ruptura fue devastador, afectando a la costa Chilena entre Concepción y Chiloé. En el puerto de Corral , cercano a Valdivia, el nivel del mar había subido cerca de 4 m antes de comenzar a retraerse rápidamente cerca de las 16:10, arrastrando a los barcos ubicados en la bahía —principalmente los navíos Santiago, San Carlos y Canelos—. A las 16:20, una ola de 8 m de altura azotó la costa entre Concepción y Chiloé a más de 150 km/h. Cientos de personas fallecieron al ser atrapados por el maremoto  que destruyó pueblos en su totalidad. Diez minutos después, el mar volvió a retroceder, arrastrando las ruinas de los pueblos costeros para impactar nuevamente con una ola superior a los 10 m de altura. Los navíos fueron completamente destruidos, salvo el Canelos, que quedó encallado luego de ser arrastrado por más de 1,5 km.
La onda expansiva comenzó posteriormente a recorrer el oceano Pacifico . Casi quince horas tras el evento en Valdivia, un maremoto de 10 m de altura azotó la isla de Hilo, en el archipielago, a más de 10 000 km de distancia del epicentro, provocando la muerte de 61 personas. Similares eventos se registraron en Japon, las Filipinas, Rapa Nui, la zona oeste de Estados Unidos, Nueva Zelanda, Samoa y las islas Marquesas.

Efectos

Gran parte del sur de Chile se vio destruido por el terremoto; el periódico La Cruz del Sur informaba el 28 de mayo de 1960 la existencia preliminar de 962 muertos, 1410 desaparecidos y 160 heridos de diversa consideración.
Chillán, la ciudad más austral que mantenía contacto con Santiago tras el terremoto, tuvo un 20% de sus edificios dañados gravemente. Talcahuano quedó con el 65% de sus viviendas destruidas y un 20% de las que se mantenían estaban inhabitables, mientras la vecina ciudad de Concepción contaba con más de 125 muertos y 2000 hogares arrasados. El puente sobre el río Biobío se derrumbó en tres secciones, mientras la usina de huachipato estuvo a punto de quedar inutilizable, después de que la mezcla de hierro comenzara a enfriarse tras el corte de la energía eléctrica. El agua inundó las minas subterráneas de carbón de la península de Auraco. Los Ángeles fue destruida en un 60% y Angolen alrededor de un 82%, quedando 6000 personas en dicha ciudad sin hogar. El Villarrica se desbordó, mientras un alud de tierra sepultó a los 300 habitantes de la comunidad mapuche de Peihueco.
Valdivia y sus alrededores fueron las zonas más afectadas con el desastre natural de 1960. El 40% de los hogares fueron destruidos por el movimiento telúrico, dejando a más de 20 000 personas damnificadas. El río Calle-calle se desbordó, inundando gran parte del centro de la ciudad, lo que obligó a la evacuación de los barrios de Collico, Las Ánimas e Isla Teja. Los principales edificios, como el del Cuerpo de bomberos y el hospital, quedaron inutilizables. El cercano puerto de Corral sufrió el azote del maremoto que arrastró a gran parte de su población, dejando centenares de muertos y desaparecidos. La bahía en que desemboca el río Valdivia recibió a diversos barcos arrastrados por las olas: el Carlos Haverbeck y Canelos, los vapores Prat y Santiago, los remolcadores Pacífico y Chanchorro y el buque de dragado Covadonga, muchos de los cuales se hundieron principalmente. El Canelos varó en un sector del río Valdivia, mientras que el Santiago recaló en las cercanías de Niebla y la Covadonga, sobre una escuela en las cercanías del río Cutipai.
Al igual que en Corral, en toda la costa el maremoto provocó más daños que el terremoto mismo. En la zona de Cautín, los pueblos de Toltén —el cual fue trasladado a un nuevo emplazamiento—, Puerto Saavedra y Queule fueron prácticamente borrados del mapa terrestre. Mientras en Puerto Saavedra, su población de 2500 habitantes alcanzó a huir a tierras altas antes de presenciar como las olas arrastraban las casas mar adentro —a excepción de una—, lo mismo ocurrió con los otros dos pueblos que fueron completamente asolados. Situaciones semejantes ocurrieron en poblados de la costa de Valdivia (como Los Morros, San Carlos, Amargos, Camino Amargos, Corral Bajo, La Aguada, San Juan, Ensenada).
Puerto Monttsufrió la destrucción del 80% de sus construcciones, tanto por el terremoto como por el maremoto y los posteriores incendios, desapareciendo el mercado de Angelmón, entre otras localidades. En Chiloé, gran parte de los pueblos costeros también sufrieron el embate de las aguas, con cifras aproximadas de 800 muertos, destruyéndose además la mayor parte de los palafitos en lugares como chonchi; los pequeños poblados de la costa occidental quedaron aislados y Rahue fue completamente arrasado.

Los volcanes acabaron con los dinosaurios

En 1980 un grupo de investigadores liderados por el físico Luis Álvarez (Premio Nobel) y su hijo Walter  descubrieron, en las muestras tomadas por todo el mundo de las capas intermedias entre los períodos cretáceo y terciario de hace 65 millones de años, una concentración de iridio cientos de veces más alta que lo normal. El final del cretáceo coincide con la extinción de los dinosaurios. Plantearon así la llamada "Hipótesis Alvarez", conforme la cual la extinción de los dinosaurios y de muchas otras formas de vida habría sido causada por el impacto de un gran meteorito contra la superficie de la Tierra hace 65 millones de años.
El meteorito que creó el cráter Chicxulub, situado en la península del Yucatán(México), tenía de 10 a 15 kilómetros de diámetro, o sea el tamaño aproximado de la isla de Manhattan. Cayó a la tierra a una velocidad mayor que la de una bala, abriendo una vasta caverna de 40 kilómetros de profundidad y de 100 kilómetros de diámetro. Este cráter colapsó rápidamente bajo la fuerza de gravedad, dejando un agujero de 180 kilómetros de diámetro y de solamente 2 kilómetros de profundidad. La energía liberada por este impacto fue igual a la de 100 millones de megatoneladas de TNT. En comparación, la erupción del Monte Santa Helena en 1980 liberó una energía equivalente a apenas 10 megatoneladas de TNT (10 megatones). La bomba atómica que explotó sobre Hiroshima liberó una energía equivalente a unas 10 kilotoneladas de TNT (o sea 0,01 megatones). El impacto provocó colosales maremotos e intensos terremotos mucho más allá de la zona cero y causó un levantamiento de polvo y hollín que cubrió la atmósfera durante años, tiempo suficiente para ahogar la fotosíntesis de las plantas y masacrar al 80 % de todas las especies vivientes de la Tierra, incluyendo los dinosaurios. Esta se considera, por ahora, la teoría dominante.
Según Gerta, no pudieron escapar del enorme vulcanismo de Deccan

La paleontóloga Gerta Keller de la Universidad de Princeton afirma que en realidad el meteorito responsable del cráter Chicxulub impactó 300.000 años antes de producirse la gran extinción. “El impacto de Chicxulub no pudo haber causado la extinción masiva”, aseguró Keller “porque precede a la extinción masiva y, aparentemente, no causó ninguna extinción”. Los sedimentos marinos perforados en el propio cráter de Chicxulub, así como los de una zona de Texas a lo largo del río Brazos, y luego los de afloramientos en el noreste de México, indican que Chicxulub impactó con La Tierra 300 000 años antes de la extinción masiva. "Pequeños microfósiles de animales marinos permanecieron virtualmente intactos", dijo Keller. “En todas esas localidades podemos analizar los microfósiles marinos en los sedimentos justo por encima y por debajo de la capa que señala el impacto de Chicxulub y no se pueden apreciar efectos bióticos destacables”, comentó Keller. “No podemos atribuir ninguna extinción concreta a este impacto”. Anteriormente nadie había publicado esta historia crítica de la supervivencia.

Descartado el meteorito, la paleontóloga fijó su atención en el vulcanismo de Deccan, en la India, pues le pareció que las evidencias de que la extinción masiva de los grandes lagartos apuntaban a una orgía de erupciones salvajes que se mantuvieron durante mucho tiempo y que provocaron un efecto similar en la atmósfera a la del meteorito. Las erupciones de Deccan Traps escupieron unos fabulosas cantidades de lava que se extendieron por centenares de kilómetros. Se calcula que liberó a la atmósfera diez veces más gases alteradores del clima que la cantidad emitida en el propio impacto del meteorito de Chicxulub, según el vulcanólogo Vincent Courtillot del Instituto de Física del Globo en París. El vulcanismo de Deccan contribuyó produciendo y lanzando grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera durante un periodo de más de un millón de años, conduciendo hacia la extinción masiva. En el momento en el que Chicxulub impactó, los océanos estaban unos 3-4 grados más calientes, incluso en el fondo. “En tierra firme debía haber 7-8 grados más”, dijo Keller. “Este calentamiento por efecto invernadero está bien documentado. El aumento de temperatura fue rápido, tardó unos 20000 años, se mantuvo durante unos 100000 años y entonces se enfrió, volviendo a la normalidad antes de la extinción masiva”.
Keller defendiéndose de un científico rival

El eslabón crucial esgrimido por Keller entre la erupción y la extinción en masa está formado por microscópicos fósiles marinos que evolucionaron inmediatamente después del misterioso evento de extinción en masa. Los mismos foraminíferos planctónicos fosilizados fueron encontrados en Rajahmundry, a unos mil kilómetros del centro de las Deccan Traps cerca de Mumbai. "Es la primera vez que podemos vincular la fase principal de las Deccan Traps directamente con la extinción masiva", explica la paleontóloga. Chicxulub probablemente facilitó la desaparición de los dinosaurios, pero también lo hizo el calentamiento debido al efecto invernadero creado por el vulcanismo de Deccan y, finalmente, un segundo y descomunal impacto acabó con todos ellos. Pero entonces ¿dónde está el cráter? “Ojalá lo supiese”, se lamentó Keller. “Hay algún indicio de que debió impactar en India, donde parece haber un cráter de unos 500 kilómetros de diámetro, localizado y llamado Shiva por el paleontólogo Sankar Chatteriee del Museo de Texas Tech University en Lubbock. Sin embargo, este indicio no es concluyente por el momento”. Keller y sus colegas presentarán sus conclusiones en Diciembre de 2009 en  la American Geophysical Union en San Francisco." El trabajo también se incluirá en un próximo documental del History Channel titulado "Lo que realmente mató a los dinosaurios".

Los científicos siguen enzarzados en una feroz batalla cuál tiranosaurios con bata blanca. Las evidencias no son suficientes para decantar hacia un lado u otro la balanza. Hay 4 líneas de investigación que chocan y se entrecruzan. Por un lado, los que dicen que fue el meteorito Chicxulub, por otro los que aseguran que fueron impactos múltiples, luego los que piensan que hubo un cambio climático y, por último, Gerta Keller que trata de demostrar que los responsables principales de la extinción fueron los colosales volcanes de aquella época los que erradicaron de la faz de la tierra a los gigantes prehistóricos. Quién sabe, quizá fue una mezcla de todos en general y ninguno en particular. Yo, la verdad, entre científicos con esos dientes, no me meto.

martes, 11 de diciembre de 2012

Alerta científica: Un gigantesco tsunami con olas de 300 metros podría azotar Hawái


Cada 100.000 años en la región surgen inmensas olas debido a deslizamientos de tierra, advierten los científicos
Podría parecer el argumento de una película apocalíptica, pero es una advertencia científica: un gigantesco tsunami de 300 metros de altura conocido como ‘mega-tsunami’ podría azotar pronto a las islas estadounidenses de Hawái.
A diferencia de los tsunamis generados por terremotos, en las islas de Hawái la amenazante ola gigante surgiría como resultado de deslizamientos de tierra, causados a su vez por la destrucción de los volcanes.
Esto sucede aproximadamente cada 100.000 años y está relacionado con el cambio climático, precisó el científico Gary Makmarti de la Universidad de Hawái durante la reunión anual de la Unión Geofísica Americana.
Deslizamientos gigantes parecen sobrevenir durante los períodos de aumento del nivel del mar, cuando el clima se vuelve más cálido y húmedo, destacó Anthony Hildenbrand de la Universidad de Paris-Sud XI (Francia). Los investigadores sospechan que el aumento del nivel del mar afecta a la estabilidad de las laderas de las islas volcánicas, ablandadas por las lluvias cada vez más frecuentes.
En los últimos 4 millones de años, Hawái ha registrado por lo menos 15 grandes deslizamientos de tierra. El último de ellos ocurrió hace 100.000 años, según el Servicio Geológico de EE.UU.
Por  en Ciencia el 10 diciembre, 2012 12:12 

Terremotos en la Luna.


No solo la Tierra resulta afectada por los terremotos. La Luna también padece temblores, y con mucha más frecuencia y duración que los de nuestro planeta. En rigor de verdad, la palabra “terremoto” significa “movimiento de tierra”, por lo que lo correcto es referirse a estos temblores lunares como “sismos”, aunque casi todo el mundo los llama también terremotos. Entre 1969 y 1972, los astronautas que llegaron a la Luna a bordo de los de Apolo colocaron sismógrafos en los diferentes sitios de alunizaje. Concretamente, las misiones Apolo 12, 14, 15 y 16 transportaron sismógrafos que enviaron información por radio  a la Tierra hasta que dejaron de funcionar en 1977. Gracias a estos aparatos sabemos que existen al menos cuatro tipos diferentes de sismos lunares. Los primeros consisten en trepidaciones profundas, que tienen lugar a unos 700 kilómetros por debajo de la superficie de nuestro satélite, y que posiblemente tienen su origen en las deformaciones que sufre debido a las fuerzas de marea provocadas por la Tierra. El segundo tipo de vibraciones registradas provienen del impacto de meteoritos, y su intensidad es proporcional al tamaño y velocidad del cuerpo que impacta contra la Luna. En tercer lugar, ocurren temblores causados por la expansión de la corteza lunar, al calentarse con radiación solar después de una noche de frío extremo y una duración de dos semanas. Por ultimo, el cuarto tipo de sismo lunar es un fenómeno que ocurre a poca profundidad, solo a 20 o 30 kilómetros por debajo de su superficie.